lunes 27 de febrero de 2012

lectura de cuentos breves de pilpinta en el virrey de lima: jorge polar elorreaga y césar klauer, celebrando carnavales

jorge polar, leyendo "bonsáis" de marcelo báez
césar klauer en la lectura de cuentos breves que organizamos
césar, jorge, christian y "el pianista"
carmencita portal, paola valderrama, jorge polar, yudy roldán, víctor torres y daniel zelaya

jueves 16 de febrero de 2012

¡¡¡ven a nuestra lectura este viernes 24 de febrero!!!



continuando con el ciclo de recitales 
que organizamos la librería "el virrey de lima" y
la "editorial pilpinta",
 esta vez celebrando los carnavales,
te invitamos a la lectura de cuentos breves  de: 
marcelo báez, en la voz de jorge polar elorreaga, ilustrador de "bonsais"
y la presentación de césar klauer,
este viernes 24 de febrero a las 7.30 p.m.
en el virrey de lima, pasaje nicolás de rivera 107 - centro de lima
(detrás de la municipalidad de lima)
la entrada es libre.

lunes 9 de enero de 2012

¡¡¡ven el martes 24 a nuestro recital!!!

te invitamos al recital de poesía
2012 es el año del dragón
que organizamos la librería "el virrey de lima" y la "editorial pilpinta"

con la participación de las poetas:
soledad araoz y
elma murrugarra

este martes 24 de enero
a las 7.30 de la noche

te esperamos en el virrey de lima
pasaje nicolás de rivera 107 - centro de lima
(detrás de la municipalidad de lima)

celebraremos el inicio del año nuevo chino 
con vino de laurel

entrada libre

martes 3 de enero de 2012

detrás de cada hoja

Por Miguel Ángel Fuentes Gallegos

Sin mayores pretensiones, detrás de cada hoja es una sencilla travesía por el sendero de lo efímero y el asombro, travesía que dura lo que acontece, mientras descubrimos que nos está vedado interferir en el instante en el que “las espigas hacen música con el viento”.
La experiencia de detrás de cada hoja, en particular, es una restauración natural de los linderos del silencio. Experiencia muy poco común en nuestra idiosincrasia y sobre todo en nuestra poesía. En este caso, Soledad Aráoz, casi de manera intuitiva, ha hecho evidente a través del ejercicio de la palabra, una feliz coincidencia con el universo de la poesía japonesa. Esta feliz coincidencia, por fortuna, no es el producto de sesudas y trasnochas especulaciones intelectuales; por el contrario, es la experiencia intensa de una vida cargada de interminables preguntas y sabias dudas. En consecuencia, éste no es sólo un poemario, sino una invitación a redescubrir el silencio y la sed en estado natural.
Acostumbrados a las pirotecnias discursivas y verbales, detrás de cada hoja nos ofrece lo que nos podría ofrecer un día nublado de lluvia, un riachuelo a la altura de nuestras pantorrillas, un atardecer que se despide.
Soledad, tiene mayores precisiones al respecto: "te mira fijamente/ en ese claro de bosque/ detrás de cada hoja/ hay una palabra/ escrita despacio/ de a pocos/ de años".


centro de la cultura solidaria qosqowasinchis - cusco

viernes 5 de agosto de 2011

Cuentos de Domingo de Elma Murrugarra

Por Rossella Di Paolo

Creo que este libro chiquitito y delicado como un guisante o como una gota de agua (verde como el guisante y azul como la gota de agua), este libro digo, es capaz de contener un mundo, tal como escribió Odiseo Elytis: “El mundo entero brilla como una gota de agua”. Y es capaz también de tocar fibras muy sensibles, como el guisante que se hizo sentir por la princesa aun bajo una torre de colchones…

El mundo encantado de los cuentos de hadas y el mundo desencantado de todos los días pueden intercambiar papelitos, migas de pan, hilos, dibujos, uñas, fósforos en los poemas de Cuentos de Domingo. Día curioso, el domingo, porque tiene de fiesta y porque a la vez vive acercando su cuello al filo peligroso, terrible, del lunes. Por eso será que estamos ante un libro festivo, milagroso, tierno, frágil, eterno, agudo, triste… un libro agridulce como la casa de golosinas en medio del bosque, que ocultaba un horno feroz; o como la cofia delicadamente bordada de la abuela esa con la boca tan grande…
Y es curiosa también la palabra “cuentos” a la cabeza de 24 poemas. ¿Cuentos? ¿Mentiras? ¿Fábulas para pasar cada hora del domingo, distraídos del abismo del lunes; cada hora de la vida, distraídos de la muerte?

***

Ocurre que cada breve poema de Cuentos de Domingo lleva por título una conocida historia infantil: “La bella durmiente”, “El soldadito de plomo”, “Hansel y Gretel”, “El gato con botas”, “El patito feo”… y les rinde un homenaje desde dos tiempos: el tiempo de la infancia, que recuerda princesas, castillos, ogros, sapos… y el tiempo adulto, que a todo ello le da un giro y una proyección de rara intensidad.

Creo que los hermanos Grimm, allá donde estén Jacobo y Guillermo, se sentirían complacidos con esta finísima relectura de sus cuentos, porque hay que saber que ellos no los reconocían como historias para niños por la crueldad que mostraban (pensemos, si no, en esos hermanos abandonados en el bosque por su propia madre, y que la censura exigió que se convirtiera en madrastra-, o en la bella Rapunzel prisionera en una torre y por la que un buen príncipe queda ciego). Ni qué decir de los cuentos de Charles Perrault, cuya "Piel de asno" nos pone la piel de gallina, pues trata de un padre que quiere casarse a la fuerza con su propia hija, y todo lo que ella tiene que hacer para huir del incesto. Espero que este cuento no inspirase al monstruo de Austria para hacer lo que hizo durante 24 años con su hija en un sótano… Qué triste que ella no tuviese la suerte de la princesa, y no pudiese escapar escondida bajo una piel de asno como en el cuento de hadas.

Les confieso que yo no había leído "Piel de asno" cuando era niña, y fue el poema de Elma el que me llevó hasta él. De paso, releí varios cuentos, siguiendo el orden que proponía el poemario… Qué divertido el reencuentro con las siete moscas muertas de un golpe por el sastrecillo valiente. Fascinante que un pedazo de queso le sirviera para ganarle al ogro en eso de exprimir piedras, o que un pájaro viajara más lejos, mucho más lejos que la piedra lanzada por ese mismo ogro… ¿no se parece eso a las fabulosas trasposiciones de la poesía? Y qué terrible e inteligente en el libro de Elma la asociación entre estas moscas y los lunares de una mujer asesinada: “Siete moscas / como pecados / tus lunares // el valiente no controló sus celos / atravesó la tela de tu pecho / hasta que diste el último pataleo // Siete lunares / como moscas / tus pecados”.

Pero también están aquí el buen amor de “El flautista de Hamelin”, o el tierno de “La niña de los fósforos”, o el tristemente perdido de “La reina de las nieves”. Cada pequeño poema nos trae, así, historias felices, infelices o truncadas, como son siempre las historias de amor. Bajo la varita del hada madrina -por el “había una vez”- todas fuimos princesas, todos fueron príncipes, y nuestro reino fue comer perdices hasta la indigestión, hasta que bajo el garrote mágico del hada madrastra las princesas nos volvimos brujas para los príncipes, y ellos se nos volvieron ogros más de una vez.

Dicho sea de paso, releyendo "La sirenita" de Hans Christian Andersen (salvada de las aguas kitsch de los dibujos animados), me quedé pensando algo que no creo haber pensado de chiquilla: ¿por qué la sirenita debió sacrificar su lengua para tener a cambio piernas humanas en vez de cola de pez, y atraer así al príncipe? ¿Qué es esto? ¿”Me gustas cuando callas porque estás como ausente”? Qué miedo si las mujeres tuviésemos que seguir callándonos/descerebrándonos para ser amadas.

Muchos cuentos de hadas parecen encadenarnos a la convención, pero estos sutiles Cuentos de Domingo escapan – escaleras abajo o trenzas abajo- de lo que en un verso se denomina “monjas fotos / mudas”, y en otro verso: “infantes ratas y compromisos”, al punto que "Caperucita Roja" puede bailar libremente con el lobo. Hasta el frágil y soñador castillo de arena que hace el más pequeño de los tres chanchitos es reivindicado aquí, a diferencia de los que levantan mansiones o edificios… y que, me permito añadir, deben de ser como los que insoportablemente se alzan hoy en Lima llevándose de encuentro el silencio, el cielo, las pequeñas casas con sus alegres jardines y niños jugando adentro.

También me llama la atención en este libro la sensación de tiempo acuciante, tan distinto del tiempo detenido -o el no tiempo- de los cuentos de hadas. De hecho, cada poema parece traer una hora y fracción de ese domingo anunciado en el título. Son 24 poemas y 24 las horas del día. A las 12 de la noche empieza el juego y sigue minucioso a lo largo del día y concluye al filo de las 12 de la noche. Dos medianoches, con su carga mágica de ser el tiempo de las transformaciones, de los plazos cumplidos… Tiempo tan breve y a la vez eterno -pues se repite cíclicamente- como es el tiempo de los amores. “Y por la eternidad / de aquella noche / vivieron felices / para siempre”, dice un verso aquí y es verdad. Tan verdad como lo que dice otro verso aquí: “vulnerable e inmortal humano”. Eso somos: una bola de paradojas que los sueños, los poemas, los cuentos de hadas formalizan misteriosamente, como ese pájaro turquesa que nos recibe en el epígrafe de este libro pequeño y sabio: “El pájaro turquesa canta versos en una lengua que no comprendo, pero alguien que no alcanzo a ver traduce.” (Luis Marré). En su Psicoanálisis de los cuentos de hadas, Bruno Bettelheim sostenía que esos cuentos expresan los deseos y temores inconscientes de todos nosotros. Encontrar a quien los traduzca… he allí la fiesta.

***

La vocación lúdica de Elma conecta estos recientes Cuentos de Domingo con su primer libro, Juegos (2002); así como Al sur en Caral (2006) tendió hilos rituales y sociales con La función de la Parcas (2004).
Dicho sea de paso, es notable cómo pasan esas tres parcas de uno a otro libro de Elma con la consistencia de esos fantasmas de escritor de los que hablaba Sábato. Las parcas podrían estar detrás del hilo del cometa que aparece en el libro Juegos; de hecho, ya están en el poemario siguiente -La función de la Parcas- urdiendo esa difícil trama vital de dos personajes. Y creo que también están en el círculo que dibuja Caral sobre la arena, en esa ciudadela-redondela de rueca… y hasta en el hilo que sujeta las páginas de Cuentos de Domingo, por no hablar del poema titulado “Las tres hilanderas”, que no por casualidad es el primero y que además trae en su historia de un hilar tan fino aquello de “delicado es el trabajo de quererse”…

Juegos, hilos en incesante rotación para atrapar la belleza de lo que huye…
Cada libro ha ido haciéndose más pequeño en tamaño, pero más hondo y seguro en intensidad. Quizá el próximo libro de Elma se escriba en un botón de nácar o en un grano de arroz o en una sola palabra como en ese cuento maravilloso de Borges, “El espejo y la máscara”.
Cuentos de Domingo es tan inagotable como eran inagotables nuestras ganas de oír una y otra vez la misma historia cuando éramos niños…

Como en todo libro de cuentos, no podían faltar las ilustraciones, que aquí son de Juan Pablo Murrugarra V. Dibujos tan limpios y sugerentes como los poemas, y que por el hecho de estar en blanco y negro crean una sensitiva continuidad con las letras negras sobre fondo blanco que tanto amamos quienes amamos la literatura.

Creo que, entre muchas cosas, Cuentos de Domingo es un homenaje maravillosamente cifrado a la escritura, a sus instrumentos y a sus escritores. Homenaje a una escritura en prosa que puede ser verso y que nunca termina, enlazando infancia y madurez. Homenaje a ese soldadito de plomo o carbón que es cualquier lápiz que va perdiéndose, desgastándose mientras marcha valientemente con su único pie sobre el papel. Homenaje a un Príncipe, que allá, en su reino encantado, continúa escribiendo, “creando como un dios”…

sábado 23 de octubre de 2010

Bonsáis, un tributo a la brevedad de Marcelo Báez

 DIARIO EXPRESO de Ecuador


Y cuando miró hacia atrás, fue la ciudad la que se convirtió en sal. Este microrrelato titulado La mujer de Lot es uno de los diez textos con los que el escritor y editor guayaquileño, Marcelo Báez, ganó el I Concurso de Cuento Breve Jorge Salazar, organizado por la editorial peruana Pilpinta.

El premio es la edición del libro Bonsáis, que será lanzado el próximo lunes en Lima. El concurso atrajo la atención de escritores de toda Hispanoamérica y fueron presentaron 267 trabajos, provenientes en su mayoría de México, Colombia, Ecuador, Argentina, España y Perú.

Los cuentos contienen homenajes a películas como El planeta de los simios o Romeo y Julieta; libros, autores y temas mitológicos. Para el catedrático y crítico de cine local, es un tributo a la brevedad. El relato más largo es de una carilla; el más breve, de una línea.

El volumen toma el título de uno de los textos en un acercamiento al pensamiento oriental. Uno de los relatos trata sobre una analeta del filósofo chino Confucio, cuenta Báez (Guayaquil, 1969). El discípulo le pregunta al maestro cómo se debe hacer para podar los bonsáis narrativos hasta lo más mínimo de lo mínimo. El maestro retoma una frase de Confucio que dice: “Transmite el sentido y para”.

“Esa es la regla para hacer textos breves”, refiere el autor. Trasmitir una impresión que el lector debe completar. Según el guayaquileño, la microficción contemporánea está emparentada con los haiku japonés, poemas de 17 sílabas. “Son textos de una estructura esférica, cerrada.

Como una piedra que lanzas sobre el agua, produce solo un círculo concéntrico y ya está”, dice.
Desde el famoso El dinosaurio, del escritor mexicano Augusto Monterroso, la microficción ha tomado una fuerza que Báez atribuye a la posmodernidad y a las nuevas tecnologías. “Vivimos en una época de vertiginosidad y apuro” y parece que solo hubiera tiempo para leer lo “esencial”.

Marcelo Báez, un cazador compulsivo de concursos que no requieran envío físico de los manuscritos, cuenta que incluso hay un certamen literario a través de la web para textos de no más de 140 caracteres, la extensión de un mensaje celular sms.

En palabras del autor, el premio es un desquite y una revancha simbólica pues tiene varios libros inéditos, de uno de ellos salieron los microcuentos ganadores. “Significa el asombro de saber que te pueden leer sin prejuicios, captar y gozar en otros partes, y lectores de nacionalidades distintas”, dijo el escritor en referencia al jurado del concurso, integrado por editores de Argentina, Alemania, México y Perú.

Pilpinta (mariposa en quechua), convocante del concurso, es una pequeña editorial que produce libros artesanales de pequeño formato, cosidos a mano con hilos de algodón. AGV

domingo 10 de octubre de 2010

Leyendo los bonsáis




  | Por Luis Carlos Mussó
Diario El Telégrafo - Guayaquil


Marcelo Báez Meza (Guayaquil, 1969) es un viejo conocido en el universo libresco del país. Lo hemos visto desenvolverse con talento en diversos géneros. Ahí están la lírica, la narrativa tanto de corto como de largo aliento, la reseña cinematográfica, el periodismo, el ensayo. De su producción cuentística habíamos leído Movimientos para bosquejar un rostro (Guayaquil, UCSG, 2003). No nos sorprende, por tanto, la aparición del libro Bonsáis (Pilpinta, Lima, 2010), I premio en la edición pionera del torneo de cuento breve Jorge Salazar. Se trata de un puñado de relatos (diez) que se despliegan en algo más de 50 páginas y que, desde un principio, permite conocer una concepción clara acerca del oficio y del paciente arte de podar el lenguaje. Quiero decir que se nota una lúcida conciencia organizadora que nos advierte, entretiene, hace reflexionar. Las piezas se arman y movilizan entre referentes literarios, históricos y cómo no (tratándose de Báez), cinematográficos. Estos cuentos nos pueden llevar desde  un plató de grabación hasta un instante del génesis. También hay algo como un tono cortazariano en “Método para escribir un cuento en un minuto” (que a su vez ya había usado en su primer libro de cuentos). Leemos “Golpe a golpe”:
“Trasímaco de Calceta cuenta en uno de sus proemios que Timocreón fue a visitar al Gran Rey y, una vez recibido por éste como huésped, comió abundantemente. Al preguntarle el monarca qué iba a hacer a continuación, contestó:
-Venceré a innumerables persas.
Al día siguiente, después de derrotar uno a uno a los enemigos, sus brazos no dejaban de moverse violentamente. Cuando el Gran Rey le preguntó el porqué de su actitud Timocreón respondió:
-Me sobraron golpes para vencer a más persas”.

Y no podemos menos que trazar un puente imaginario entre una cultura aprehendida y la que vivimos. No me agradaría contarles la película, sino empujarlos a que ustedes la vayan a ver. Si digo que este libro promueve movilizaciones internas en el lector, en “La mujer de Lot” expongo pruebas al canto: “Cuando se volteó, no fue ella quien se convirtió en sal, sino la ciudad que iba dejando atrás”.
Acompañan a este ejercicio minimalista extremo otros relatos más extensos, si cabe la palabra. Estos bonsáis son la constatación de que a esta voz le interesa procurar al lector un texto cuajado, maduro. ¿No se trata de eso la literatura?