AL FILO DEL ABISMO


Exactamente lo mismo que nos hace vivir, puede servir para matarnos. Te repito, Soledad mía, este oficio de tu padre es muy extraño. Yo creo que muchos de nosotros hemos colaborado para que un buen conjunto de seres se convierta en una especie de objetos fabricados en serie, embutidos en una educación estandarizada. Sacudidos cotidianamente por el inmundo rostro de la violencia, hemos ido olvidando, poco a poco, eso que algunos denominan la condición humana

El veneno de la violencia se desliza hasta nuestros más recónditos pensamientos, nos constriñe hasta hacernos olvidar que poseemos la palabra, que es el arma más preciosa cuando se usa como compromiso, como declaración de principios. Estas circunstancias, a menudo atroces, las intentamos enmascarar con trivialidades. En medio del desastre, nos justificamos escribiendo “para distraer al público”, para procurarle momentos de agradable evasión. Y si esto sucede con todos, ¿quién diablos escribe para buscar la condición del hombre? Condición que hoy día no es un juego ni es pasatiempo ni es –por los muertos que nos circundan– nada agradable…
La ciudad, esta ciudad donde naciste Soledad, da la impresión, pese a todos los trabajos que se toman los alcaldes por maquillarla y, de paso, obtener votos, de ser una aglomeración plana e inútil, habitada por una grandeza que sólo existe en unas melodías que ya pasaron de moda... Alguien, nosotros mismos, nos hemos venido robando el futuro sistemáticamente… Nos hemos tratado como objetos, entre todos –y aquí incluyo a tu propio padre– nos hemos preocupado tan enfermizamente de la muerte, que terminamos ya por no creer que el ser viviente, el hombre mismo, es una empresa mayor…
Preguntas, amor, si hay alguna esperanza. Te respondo. Es decir, lo intento: este universo de pesadilla nos ha vuelto cada día más tambaleantes; pero aún así, con tinieblas y todo, hay algo por allí que nos susurra que, a pesar de los pesares, el hombre es libre, que no es una máquina de matar o de producir. Y así que en medio de esta hecatombe donde nos descubrimos mortales, quizás sea confortable y hasta saludable comprender nuestra finitud, porque al fin de cuentas nos prueba que somos algo distinto a toda esa maquinaria indiferente y neutra que nos pretende llevar al abismo. Y nos podemos salvar…

De "Charlas con Soledad" de Jorge Salazar.

P A L I T R O Q U E x Miguel Ángel Fuentes Gallegos


Me encantó el vocablo casquitos para denominar a los casquitos

Los casquitos son adolescentes nacen crecen los reclutan maduran envejecen y por reglamento del comando conjunto son relevados de sus puestos definitivamente para disolver los conatos de convulsión social en el cielo

Poseen poderes sobrenaturales izan banderas los domingos
fortalecen sus glúteos comen heces como ofrenda a la patria
hacen uso de su dotación gratuita de combustible
no entienden el sistema brayle
atienden la necesidad de autoestima y liposucción de sus mujeres


En sus tiempos libres juegan naipes esgriman sus pipilines
cotizan inodoros remojan sus uñeros
e ingresan sin restricciones a televisados partidos de fútbol

Los casquitos son respetados por sus estrellas
por su contribución a la extinción demográfica del marxismo
en universidades regentadas por el estado
por dispersar obreros sin empleo en eventos pirotécnicos gremiales
por beber Whisky con hielo y sin agua
y por apadrinar matrimonios de macizos cadetes de apellido peruanamente italiano

Por supuesto veneran y son venerados en monumentos bustos efigies
Donde perros célibes ebrios proxenetas
improvisan letrinas fumaderos dormitorios todo en nombre de la patria

Los casquitos no tienen idea de la estética de Andy Warhol pero tienen hijos aspirantes a casquitos forman tribus y se gradúan de casquitos
Pero después de todo son indiscutibles cristianos porque sus hijas admiran al Papa
asisten a misa comulgan se retiran y siguen siendo casquitos




(fragmento)